mayo 02, 2011

APUNTES SOBRE EL PERIODISMO TRUJILLANO XXXI

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Especial para “El Tiempo” de Valera.-


Por decreto Ejecutivo del 20 de enero de 1928 leemos la creación de la Gaceta Municipal del Distrito Trujillo. Los Artículos 1º y 5º rezan así:

“Artículo 1º.- Se crea un periódico oficial denominado GACETA MUNICIPAL DEL DISTRITO TRUJILLO, en donde se publicarán por Decretos, Ordenanzas y Resoluciones provenientes de los Consejos Municipales y demás actos que se refieren a la Administración interior de los Municipios”.

“Artículo 5º.- Los documentos a que se refiere el artículo 1º, y que aparezcan publicados en la GACETA MUNICIPAL, se considerarán con autenticidad y vigor como espedidos por el Poder Municipal a que corresponden”.

En tamaño cuarto aparecía con seis y ocho páginas, sin pie de imprenta. Ignoramos la razón por la cual el número 9 es de fecha 15 de febrero de 1941, año XIII. En este vemos Sumario: Ordenanza de las Rentas Municipales – Ley de Presupuesto de Rentas y Gastos – CONSEJO MUNICIPAL DEL DISTRITO TRUJILLO.

Periódico fuerte y noble que nació del empeño realmente grande de un tipógrafo y a la vez valioso conductor en las ideas de la docencia, es El Timonero que despertó la atención del pueblo boconés en medio del tormento y la tristeza de 1928 reflejada por los atropellos de las autoridades locales a raíz del golpe revolucionario del General José Rafael Gabaldón, y el cual sería aprovechado por el gomecismo para la siembra trágica.

Félix Berbecí Pérez fué su primer Director, acompañado de Juan José Andueza. La labor inicial estuvo estrechamente coordinada pero azarada por el medio político, y si no se impuso en este año ni en los subsiguientes, sí viene El Timonero a crecer, a empujarse hacia la historia del periodismo grande después de la muerte del General Gómez.

Luchaba “por la instrucción, el comercio y el trabajo” y era semanario. Desde el último acontecimiento aludido acompañó al viejo Berbecí Pérez su hijo Pedro J. Berbecí en la Administración, también acicalado y valeroso fablistan.

No hay un nombre que sea el equivalente a lo que significan esas páginas, abiertas a un horizonte entonces cincelado de penas, que El Timonero ofreció al pueblo boconés para su defensa y para las peticiones encomiásticas. Los editoriales no pueden se más crecientes, tienen por dentro el palpitar colectivo, el sentir nacional, el colorido del paisaje futurista y el temple de la recia personalidad periodística de sus colaboradores y directivos.

Y más de apreciaciones regionalistas o de cauces estrictamente delineados en el prototipo político, El Timonero dió prestigio a lucha por la escuela venezolana. Merecen máximos comentarios los editoriales y artículos de fondo que sobre poemas pedagógicos arrojó.

A más no descuidaron sus directivos las tendencias y el género literario de la época, el cuento ocupa en sus páginas sitio de honor y así e verdad que muchos de estos son de corte netamente romántico, no cabe duda que perfilaron el arte nativista hacia el encuentro más cabal de los nuevos valores.

El Timonero que me ocupa tal vez no sea en sí todo él, puede que haya cosas muy buenas en los números que no conozco, pues es a partir del 343 del 19 de marzo de 1938 cuando saboreamos toda su gran batalla por la ciudad jardín de Venezuela. Lo que anteriormente expuse, desde su fundación, son referencias encontradas en los números que hemos hojeado, o manifiestas en otros órganos de publicidad. Es desde ese 19 de marzo en que nos sentimos más allegados a la hora real del periodismo provinciano notable. Cuando en la Imprenta El Timonero, se editaba mi periódico Luz, en 1947, el maestro Berbecí Pérez – cano y arrugado, con lucidez envidiable y fecunda palabra – conversaba conmigo durante la tarea de imponer e imprimir; sus consejos y sus recuerdos eran y giraban sobre periodismo íntegro, en el combate traslucido; A ese maestro Berbecí Pérez le hicieron un homenaje los compañeros de la docencia, los hombre de otra época. Su nombre es pórtico de luz en uno de los centros de enseñanza boconeses, pero falta el homenaje más conciso que él merece, el de los periodistas; el homenaje que él esculpió con su periódico cuando respondía con sus consignas sociales y su movimiento intelectual a las necesidades y a la angustia del pueblo boconés.

El Timonero apretó en sus páginas, acarició en sus columnas la rebeldía de una generación y el grito incontenible de otra que surgía. Allí vemos los versos de Eusebio Baptista, el bardo popular que le cantó a su pueblo dentro del medio sociológico donde agonizaban los parias, reclutaban a empellones y desaparecían las aspiraciones de los campesinos que hipotecaban sus tierras, sus conucos básicos, para volcarse sobre las ciudades, huyendo del desamparo.

Ignoramos el día en que vió luz El Timonero. El 26 de mayo de 1938 celebró ocho años de interrumpidas labores semanales.- jbdp.


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Rafael Ramón Castellanos