abril 28, 2011

APUNTES SOBRE EL PERIODISMO TRUJILLANO IV

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Especial para “El Tiempo”


El 24 de Junio de este año de 1909 empezó a circular en Chejendé, con cuatro páginas en tamaño diez y seis avo, un periódico intitulado Idilios, que más tarde va a transformarse en revista. Tiene la particularidad esta publicación de haber sido dirigida en todo tiempo por destacadas periodistas anhelantes de caminos nuevos en la lucha socio – intelectual de la mujer venezolana.

Idilios se editaba en los talleres de la Imprenta El Iris, teniendo como Directora a Amalia de Peña, Administradora, María Cristina Segnini y Colaboradoras las señoritas María Carrillo, Josefa María Barreto y Josefa María Peña. Aparecía ocasionalmente “cada vez que reúna el avío”.

Desde la tarea inicial, acariciada con beneplácito en todo nuestro Estado y fuera de él, el minúsculo periódico encontró la acogida elocuente y el más firme respaldo, pues la faena en manos de estas jóvenes mujeres era doblemente digna y emotiva. Idilios publicó en sus páginas cartas valiosas en su apoyo como las de José Felipe Márquez, Blasina de López, Carmen de Bencomo, en Trujillo, y Rafael Garcés Álamo, Pedro A. Brea, de Cagua y Zenobia Febres Cordero, de Mérida.

En las secciones Florilegio notamos muchos versos, acrósticos, siluetas y postales, debidos a Juan Valera, José Felipe Márquez, Amalia de Peña, E. Peña B., Mercedes Arrieche, Pedro A. Brea, F. Guerrero F., Isaías Gamboa, Emiro Fuenmayor, Rosa A. Segnini, Consuelo Salcedo, Asiloé Espina, Rafaela Ramona Torrealba, Amelia Pardi y muchos que ocultaron sus nombres en el seudónimo o la abreviatura.

La sección Postales, propiamente dicha, contó con la colaboración de mujeres de todas partes del país, al igual que la sección Siluetas. Entre estas en el tiempo que estuvo Idilios en Chejendé tenemos a Josefa María Peña, María Carrillo, Josefa Barreto, Romelia P. de Herrera, Amelia Pardi, Yoli Teresa Murzi. Son muy frecuentes los anagramas de señoritas de innumeroso pueblos y ciudades venezolanas, las charadas, las “fugas” de letras, etc.

La sección Crónica es muy interesante y en ella leemos reseñas casi fijas de los periódicos recibidos en canje, de los libros aparecidos y enviados a la redacción y algunas notas sociales.

Los editoriales son tersas piezas románticas: relatos de paseos a los campos vecinos, encuentros con los aspectos históricos de nuestros pueblos, grandes reproducciones sobre páginas sociológicas, sicológicas y biológicas de alta trascendencia.

Idilios tuvo agentes y corresponsales en Betijoque, Emma Dubuc A.; en Pampán, Elena Urbina y en Valera, Eva A. de Barroeta.

A partir del número 7 del 29 de Septiembre de 1909 desapareció la nómina de las colaboradoras. Y desde el número 11, del 1º de Enero de 1910, la Directiva quedó integrada por María Cristina Segnini como Directora y Rosa Arminda Segnini como Administradora.

Algunas veces encontramos reproducciones categóricas de connotadas figuras de la literatura: Carlos Borges, Eloy G. González, Núñez de Arce, Manuel del Palacio, Udón Pérez, Víctor Hugo, Ismael Enrique Arciniegas, José Santos Chocano y Elías Calixto Pompa.

Otras colaboraciones importantes, fuera de lo exótico, son las J.T. Monasterios desde Monte Carmelo, Baldomero Bencomo desde Trujillo; José Poggioli, Elisa Matilde Olmos e Inés Lucía Yépez.

El número del primer aniversario salió en papel de colores sugestivos, con veintidós páginas interiores. Ya no como periódico sino como “Revista Literaria”: “Hoy hace un año - editorializaban – que tímidas y vacilantes, dimos el primer paso en la escabrosa senda del periodismo…. No hallamos flores, ni ambiente perfumado, ni gorjeos de aves canoras que alentaran nuestro espíritu, ni manos protectoras que diesen impulso a nuestra obra, sino agresivos abrojos que herían nuestras plantas y ásperos aquilones que hacían crujir las ramas de una acerba y murmurante crítica…. Tal vez sería esto el resultado de errores cometidos por nuestra inexperiencia”.

En este número extraordinario colaboraron Rafaela Ramona Torrealba, Rafael Garcés Álamo, Inés Lucía Yépez, Asiloé Espina, Carmen de Bencomo, Magdalena Seijas, Petra C. de Aldazoro, desde Carora; María Triana, Olimpia Eloisa G. de Lander, desde Caracas; Ana Luisa Esparza, desde Maracaibo; Berenice A. de Garcés, desde Barquisimeto; J.A. González Díaz, desde Maracaibo; Lola Álamo, desde Barquisimeto; Josefa E. López, Polita de Lima, Antonia de Lima, Ana G. de Fortique, desde Coro; Cenovia Febres Cordero desde Mérida y Gertrudis Cifuentes G. desde Aragua de Barcelona, y muchos que ocultaron sus nombres con seudónimos en palabras vivas, conmovedoras y románticas.

Eran agentes de Idilios en Barquisimeto, María Segnini Macías; en Boconó, Amelia Pardi; en Carache, Nicolás Siervo C.; en Carvajal, Nicolasa de Scrocchi; en Coro, Rosario Delgado de Peralta; en Cuicas, Emeteria de López; en Escuque, Julia Vivas; en Isnotú, Clara Sánchez; en Jajó, Emerenciana González; en la Plazuela; María Calderón; en la Unión, Ernesta Pérez Quintero, en Monte Carmelo, Isolina de Monasterios; en Motatán, Olimpia Cerrada; en Pampanito, María M. Segnini; en Quíbor, Rafaela Ramona Torrealba; en Río Tocuyo, Carmen Nieto; en Sabana Libre, Mélida Torres; en San Lázaro, Yoli T. Murzy; en Santana, Gregoriana Domínguez; en Torococo, Augusta Lupi; en Trujillo, Carmen de Bencomo; en Valera, Eva de Barroeta y en Yaritagua, Inés Lucía Yépez.

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Rafael Ramón Castellanos