octubre 16, 2009

EL AMULETO DE JOSÉ GREGORIO

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Que el General José Gregorio Monagas desde joven llevaba colgado a su pecho, muy oculto y tal como lo recibiera, un amuleto que lo favoreció en todos los embates por la dignidad, no hay por qué dudarlo. Mayores testimonios no hemos logrado, pues estos sólo se hacen sentir en la leyenda y ello ya es suficiente para entendernos, pues, ésta, la leyenda, es la poesía de la historia, según Hegel.

Vieja estirpe de abanderados por la libertad, los Monagas han sido en nuestra historia un ejemplo de recio espíritu, en donde el sentido común propio se asoció con el sentido común comunitario y social.

Pocos sabíamos de ese amuleto referido apenas en la tradición oral, sin mayor apoyo documental. Es un símbolo de la prosperidad entre los indígenas cumanagotos, con el aditivo escénico que el tiempo le daría en el proceso de la transculturación al venirse sobre el costeño Mar Caribe todo el emporio mágico-religioso de la africanidad.

Indio y negra, negro e india, se apareaban para incorporarse a esa mezcla étnica sin comparaciones posibles que conforma América y en le revoltillo las costumbres de una y otra razas se mancomunaron y, blancos, mestizos y pardos, pasaron también a integrar el barro de una génesis: el americano, que, moldeándolo mentalmente, tiene de todas las sangres del universo. Y su color es el de un germen telúrico: América. Idealicemos pues a un antepasado de tres siglos de edad, renovado constante-mente y que no es otro que el americano, la pura cepa criolla macerada -o mejor pigmentada- con todos los factores intrínsecos que, sin lugar, han dado origen a la formación del pueblo venezolano.

Los Monagas no fueron esclavos; hubo esclavos indios, esclavos negros, esclavos blancos, esclavos criollos del color subjuntivo y virtual que le queramos dar, esclavos todos; los Monagas, como la mayoría de las familias antiguas, fueron esclavistas. El amuleto del general José Gregorio Monagas, fue un morrogallo si nos remitimos a la subyacencia de la leyenda que solamente hace pocos años anda por América estampada en no más de tres cuartillas.

Allá por 1784 los vecinos del hato, como siempre en casos semejantes, estaban pendientes del próximo alumbramiento de doña María Perfecta Burgos Villasana, esposa de don Francisco José Monagas Hernández.

Ya eran padres de varios niños, pero ahora sospechaban de la venida de otro varón. Todo discurría cotidianamente hasta el momento en el cual a la dama le aparecieron los síntomas del parto. Comadronas y ayudantes estuvieron prestas a la solución, más en día y medio de esfuerzos sin resultados favorables se maduró la idea de llevarla a otro lugar porque el muchacho no brotaba, pese a los interminables dolores de la parturienta. Y en la madrugada partieron confiados en que todo saldría bien.

El amuleto de José Gregorio tenía tradición; aquel misterioso talismán era la historia de la aureola que envolvió allá en los inicios de la penetración española el cuerpo y el alma de los caciques heroicos Yoraco y Cayaurima. La madre no se despojaba de él en ningún momento y aunque podría haberlo heredad en beneficio el vástago nacido el 28 de octubre de 1784, de nombre José Tadeo, no fue así. Le correspondió a José Gregorio quien estaba inspirado en ese misterioso envoltorio que guardaba la progenitora y que él lo recibió.

Ante el enemigo podría transformar al hombre indigente en león, en riachuelo, en árbol y las huestes podían pasar a su lado enfurecidas porque el portador de él se desaparecía ante la mirada atónica de sus perseguidores; si era necesario enfrentar a las legiones las enfrentaba y las balas o güaimaros de los arcabuces no llegaban a tocarlo y si en alguna hazaña lo acorralaban los perros pasaban a su lado y no los veían, todo lo cual desorientaba al contrario. La sierpe desmontaba ante él su posición de ataque y mordida, y al poseerlo se desviaban los lanzazos de los cruzados, y los perros huían de su lado mientras a otros atacaban y herían, los felinos lo esquivaban, los ríos y las quebradas se amansaban cuando él tenia necesidad de que ello sucediese; el huracán torcía el rumbo para no llegarle; el sol demoledor no lo abrazaba, los rayos, centellas y relámpagos, se volvían mariposas cuando se estrellaban en la dirección donde él se encontraba; en la tupida selva le abría caminos y le brindaba luces; los demonios se volvían ciegos y no atinaban a atravesársele.

Veamos los sucesos: la señora Monagas sufre. El carromato avanza desde la casona del hato buscando el sendero hacia Maturín. ¡Ah la angustia! Han crecido mucho las aguas del río Amana, arreos detenidos, peonada sin ejercicios, la punta de ganado inquieta. El caudal aumentando y el viejo veterano, negro formidable a pesar de los largos años vividos, va y viene dándole ánimo a la gente. ¡A media noche tal vez habrá paso y apenas son las once de la mañana!

La esposa de don Francisco José Monagas Hernández aparenta tranquilidad, pero los dolores son terribles y la negación del parto la abisma, la abruma, la inquieta. En un momento de angustia oye cómo braman las aguas desbordadas del río y ora acercándose al Supremo Hacedor implorante.

El negro, valeroso en atravesar aquel caudal mira y piensa mientras camina entre la vacada, los arreos y el carromato al cual se acerca y con la venia del patrón y sus acólitos, le ofrece a la doña un amuleto que descuelga de su sudado pecho. ¡La sacará con bien ya mi señora! Y se perdió entre la llovizna y el ronquido feroz de las aguas revueltas que se comen el cauce madre para hincharse aún más.

De pronto un grito acalló hasta el crecer de la hierba. Un niño había nacido en aquel incómodo pero confortable medio de transporte. El auriga soltó una risa elástica que tranquilizo la llanura. ¡Dios lo ampare! Se llamará José Tadeo Monagas Burgos. El poder divino iluminó el camino y la doña padeció esos instantes de parturienta con aquel pequeño enigma que colocara en sus manos el negro vadeador del río Amana. Era el día 28 de octubre de 1784, hato Tamarindo, orilla derecha del maravilloso cordón de agua dulce.

Once años después nacería José Gregorio Monagas el 4 de mayo de 1795, es decir aparecería en este universo el hombre que se interesó tanto y obtuvo el favor de tomar para si el amuleto del negro. Se dice que la madre le contaba a los muchachos ese afortunado instante en que el vadeador del río Amana la sacó con bien en el alumbramiento. ¡Ah, los negros no pueden seguir siendo esclavos! y no es de dudar que una oración haya brotado de aquellos labios maternales “la libertad de vivir me la deparó ese negro y la libertad de él, de sus hijos o de sus nietos ojalá estuviera en las manos y en alma de unos de ustedes, mis hijos”. José Gregorio nacería pues bajo la protección del amuleto el morrogallo en la casona del hato Cañafistola, sitio El Roble, si, El Roble, El Roble Monaguero para identifarnos con los datos de familia “única fuente fidedigna de probanza, según la filosofía de la historia a falta de la partida de bautismo” tal como lo escribiera en 1945 el cronista Luis Arreaza Matute; el amuleto no fue otro que el morrogallo o un mensajero del bien en la tradición mágico-religiosa, que desde hace poco tiempo, en tamaño heroico, visible a todas las inquietudes y a todos los desvelos, como un monumento a la identidad nacional, se puede contemplar cinco kilómetros antes de llegar a la ciudad de Clarines, vía Caracas-Barcelona, en la margen izquierda, y es, como los dijes, insignias y prendedores, que encontramos en cualquier lugar de Venezuela, Colombia y Ecuador, un homenaje del químico e investigador Rafael Salazar a la bondad de la historia menuda que con el pasar de los días se vuelve historia nacional.
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Caracas, mayo 2004
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Rafael Ramón Castellanos
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octubre 06, 2009

JOSÉ CARRILLO MORENO: PALABRAS PARA RECORDAR A UN LUCHADOR INSIGNE

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Innumerables factores me han unido siempre a José Carrillo Moreno. Hablo en este presente que no pareciera pasado porque su espíritu y su voluntad creadora por aquí palpitan con el olor a mastranto y a tierra recién mojada a consecuencia de la ligera lluvia. Entrambos amamos nuestra respectiva tierra natal. Él con más suerte fué cronista oficial de la suya. Los dos coincidimos en una honorífica misión que, por cierto, es única hasta ahora: ya que en el solemne acto del ingreso de una osamenta casi sagrada al recinto de los Próceres hay un solo derecho de palabra y tanto él como yo fuimos oradores de orden el 24 de octubre de 1974 en el Panteón Nacional con motivo del traslado de los restos mortales del insigne maestro de las letras y de la historia Rufino Blanco Fombona desde el Cementerio General del Sur hasta tan elevada y definitiva morada. Para no colidir Carrillo Moreno tuvo la gentileza, una semana antes, de darme a leer su magistral pieza oratoria, lo cual le correspondí con hacerle llegar mi modesta oración laudatoria de aquel gran bolivariano.

Cuando en 1975 inicié el trabajo de recopilación y análisis de la pseudonimia venezolana tuve la anuencia de Carrillo Moreno para incluir dentro de mis apuntaciones su importante ensayo Apodos, seudónimos y sobrenombres que le habían publicado en Caracas en 1970 en las Ediciones Navideñas de Saade Hermanos, y antes cuando apareció en 1973 el fruto de otros de mis esfuerzos, Páez peregrino y proscrito, fué José Carrillo Moreno junto a Luis Herrera Campins, Caupolicán Ovalles, Helí Colombani, Domingo Miliani, Juan Cortés Pérez, Alfonso Marín, Ramón Urdaneta Bocanegra, Salvador de la Plaza, S. Antonio Pérez, José Blanco Adrianza, Miguel Acosta Saignes, Manuel Isidro Molina y Nelson Luis Martínez, entre muchos otros, uno de los más cercanos amigos que me allegaron las voces de apoyo y de estímulo.

Cuántas veces nos reunimos en aquel centro de amistad, de néctares de Baco y de grandes tertulias, denominado Bar Restaurante Llaguno para intercambiar ideas y cultivar prosapias nada comunes con la participación de aquel agigantado periodista, que creó cátedra de dignidad y de decoro, J. Lossada Rondón, el de Miraflores a la vista cuando existía el diario de Puerto Escondido, hoy ya menguado y alquilado a los más oscuros intereses foráneos. Cuántas ilusiones y cuantos proyectos se hicieron realidad de muchas de las proposiciones y quijotadas que allí surgieron, tertulias que en el tiempo mantengo en La Gran Pulpería de Libros Venezolanos donde a suerte mía conocí para enorgullecerme de ello al doctor Alejandro Carrillo, hijo del homenajeado hoy aquí en El Tinaco y seguidor con alma, bríos, corazón e ideales del notable progenitor. En mucho a Alejandro debo el gran honor de estar aquí en conversación tan de mis entrañas, de mi corazón y de mis ideales.

Recordará un común amigo, los proyectos sociales de Carrillo Moreno con respecto a La Blanquera como iniciativa para una Universidad Popular y su entusiasmo ante la idea llevada a feliz término por orden del denso y notable historiador doctor Ramón J. Velásquez, de recoger los artículos de Eloy G. González diseminados en periódicos de la época y hacerlos libro, como lo asumimos desde las Ediciones de la Presidencia de la República, primero con Los Leones se muerden publicado en la Serie historia, colección “Clásicos Venezolanos” Caracas, 1975, libro que salió de los talleres de la Imprenta Nacional, dos días después del trágico instante en que el doctor Carrillo Moreno falleciera repentinamente aquel 5 de abril, horas después de haber compartido en la Embajada del Perú con compañeros y amigos entrañables. De lo que me he sentido profundamente satisfecho es que él había revisado las últimas pruebas de ese volumen.

Así mismo como él había repasado todos los originales de otro título del mismo González que denominamos Ensenadas de la Historia, al cual, por sugerencia suya, se le colocó como prólogo un denso estudio del Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia, doctor Virgilio Tosta. Luego continuamos las ediciones con Historias Bolivarianas, que lo adornamos con el discurso de bienvenida a Eloy G. González a la Academia Nacional de la Historia, pronunciado el 16 de mayo de 1909 por el sabio polígrafo Marco Antonio Saluzzo, asunto que había sido acordado así entre los doctores Velásquez y Carrillo Moreno.

Resultado de esto, de reuniones y de tertulias entre amigos, siempre, todas y cada una de las conclusiones sumaban algo positivo para la región. Quiero recordar ahora uno de aquellos parlamentos en el cual Carrillo Moreno, Lossada Rondón y otros más, nos empeñamos en hacernos solidarios para apoyar el deseo de impulsar el desarrollo de su pueblo, que exhibía a nuestro lado Luis Montagne, periodista y abogado, generoso señor de la hidalgía que era incesante en la búsqueda de rumbos y mejoras para su tierra natal, Macapo, por la cual vivió, se desvivió y se fué a la eternidad honrándolo. Nos sorprendimos mutuamente, el cronista William García y yo, de cómo y porqué entrambos amamos a Macapo a través de la palabra y el gesto y la alegría de Luis Montagne, como adoramos a El Tinaco en la palabra, en el corazón y en la acción de José Carrillo Moreno.

Este denso escritor, este maestro de la historia y de la historiografía llegó a Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia aupando el criterio por el cual la institución extendiese la posibilidad más democrática de la aceptación de postulaciones de otros venezolanos eminentes que no habían tenido cabida allí. Ello me consta especialmente en cuanto al doctor Juan Bautista Fuenmayor, autor luego de una imprescindible Historia Contemporánea de Venezuela y antes de varios otros estudios aquilatados en la severa investigación; en cuanto al doctor Federico Brito Figueroa con los más categóricos ensayos sobre la afroamericanidad, la socioeconomía y el pensamiento de la Federación; así como también al doctor Miguel Acosta Saignes, abanderado de la lucha contra el latifundio feroz desde todas y cada una de sus obras; al doctor Eduardo Arcila Farías en la búsqueda permanente del Hombre por encima de las penitencias aún desde los albores de la economía colonial venezolana, o el doctor Arturo Cardozo, el licenciado Luis Cordero Velásquez, al gran cronista de Caracas Guillermo José Schael, al doctor Edgar Gabaldón Márquez, todos los cuales no lograron traspasar las barreras “reglamentarias” que a los hombres de pensamiento avanzado le tienden en esa institución.

Ocupó el doctor Carrillo Moreno el Sillón D, que antes le correspondió como fundador al jurista eminente y notable codificador, doctor Julián Viso; sillón para el cual fué electo luego el destacado médico y filósofo, doctor José Manuel de los Ríos, quien no se incorporó y a raíz de la muerte lo sustituyó otro especialista en la ciencia de Esculapio, el doctor Rafael López Baralt, zuliano de Maracaibo; después le correspondió tan alto destino al doctor Andrés F. Ponte con su estudio de incorporación titulado Pérdida de la Isla de Trinidad, leído el 9 de mayo de 1919.

Cuando desaparece físicamente este académico es electo un merideño, el abogado y catedrático, doctor Héctor García Chuecos, quien se incorpora con un tema de trascendencia infinita: Conceptos que a Bolívar merecieron los deberes y derechos de los neutrales en caso de guerra internacional, pronunciado el 7 de junio de 1951. Viajero hacia la eternidad este muy humilde Maestro, es electo el doctor José Carrillo Moreno, quien se incorpora el 20 de septiembre de 1973 concatenando el tema de su antecesor, pues presenta un denso estudio titulado Bolívar y el concepto de pueblo.

Como prebenda introductoria a este su discurso de incorporación el doctor Carrillo Moreno rinde tributo de admiración a dos hijos del Estado Cojedes que “han iluminado con su erudición, con sus virtudes y con su elocuencia el diario quehacer de esta honorable institución”; son ellos el eminente médico doctor Laureano Villanueva, natural de San Carlos de Austria, biógrafo del Gran Mariscal Antonio José de Sucre, del también galeno doctor José María Vargas y de “El Valiente Ciudadano Ezequiel Zamora, General del Pueblo Soberano”: del otro también repasa sus méritos, se trata del escritor Eloy Guillermo González, factor importante en la investigación de nuestros anales, nacido aquí en El Tinaco y quien entre sus muchos extraordinarios ensayos, de los cuales ya mencionamos algunos, dejó para la posteridad el que denominó Dentro de la Cosiata que es el análisis de cuando los mejores, los más grandes, se dejan morder por esa viborita inclemente que inocula el veneno de la deslealtad, de la ambición, de la conculcación de los principios morales y del mancillaje a la ideología bolivariana. Tanto Villanueva como González ocuparon respectivamente los sillones F y O de la Academia Nacional de la Historia.

El doctor Carrillo Moreno ese día de su incorporación, 20 de septiembre de 1973, con pie firme, de liquiliqui blanco, y en el Paraninfo que antes fué de la Universidad de Caracas y ahora de la Academia diría que “Soy, en consecuencia, el tercer hijo de los llanos de Cojedes que ingresa como Individuo de Número en esta Academia”. Esto me conmovió, tanto como el meollo todo de su discurso, porque elogiaba su ancestro provinciano y le vi en su rostro la inmensa alegría del campesino que ha logrado recoger la mejor cosecha en su parcela de la cultura, del ensueño y de la esperanzas. En esa fecha y a esa hora me fui con la evocación hasta Santa Ana de Trujillo, mi terrón natal. Ese 20 de septiembre había llegado este servidor de Bogotá, donde residía, orgulloso de haber presentado en la Academia Colombiana de Historia el ensayo Bolívar crítico de literatura y de historia, y ahora, en esos instantes Carrillo Moreno con su disertación me asusaba hacia un poderoso aliento bolivariano para hacerme sentir realizado. Por esta razón me atrevo a transcribir apenas párrafos de ese ensayo imponente que él leyó:

“Bolívar fue una recia personalidad con los oídos puestos en las voces del pueblo. Eso lo llevó a ser durante su vida el dirigente insustituible de la América hispana y después de su muerte el guía luminoso de las naciones que forjaron su espada vencedora y su genio de estadista. La circunstancia de que no haya logrado todo cuanto se propuso, de que la mayoría de las veces hubiera “arado en el mar”, no disminuyen en nada la categoría de su actuación.

“Bolívar tenía conciencia plena de su condición, de su carácter y de su misión. Sabía que era el guía incorruptible de las masas desposeídas de Hispanoamérica y así actúo en todo momento. Por eso, si algo hay lleno de contenido y trascendencia dentro del pensamiento y la acción bolivarianos, es su concepto de pueblo. El pueblo es el nervio, el eje, la meta de sus grandes luchas por alcanzar la independencia americana y, una vez izadas las banderas del triunfo, el pueblo sigue siendo el elemento fundamental de sus preocupaciones de estadista encaminadas ahora al logro de la liberación de esas grandes porciones del Nuevo Continente desgajadas del Imperio español y ya en trance de constituirse en Repúblicas libres, soberanas e independientes.

“Su concepto de patria (el de Bolívar) tiene la claridad del sol. La patria es aquella donde se protegen los derechos del pueblo sin distingos de origen, raza o condición social. He aquí ese acendrado revolucionarismo suyo que lo hace concebir la patria como el hogar del pueblo en su total integración, sin marginaciones, sin desigualdades ni discriminaciones de ninguna naturaleza. Este es el concepto de patria por el cual Bolívar se desvela y lucha hasta los últimos momentos de su vida, concepto que define y ubica su personalidad y su tarea a la altura del propósito que motorizó su acción en el inmenso escenario del Nuevo Mundo.

“En torno a este concepto, impregnado de esencia popular, elabora toda una teoría jurídico-social en la cual el hombre y el pueblo constituyen el objeto básico de su esquema normativo propuesto a la hora exacta, en el preciso momento en que Hispanoamérica comienza a sufrir las fracturas institucionales producidas por la guerra emancipadora. Bolívar, timón de esa lucha, sabe que tiene la impostergable obligación de reestructurar al Continente dislocado por la dura sacudida revolucionaria, pero sabe también que deberá preservarlo de los riesgos de una futura opresión. Por eso no puede concebir esa reestructuración montado en la nube de la pura doctrina, sino afrontando las realidades objetivas, dándole al pueblo nuevos instrumentos de lucha, instituciones adecuadas a su carácter y necesidades, leyes de protección a sus derechos ciudadanos, en las cuales la libertad, la igualdad, la seguridad social y la propiedad – para indicarlas en el orden en que él las señala – tengan definiciones precisas y orientaciones concretas dentro de la dinámica de estos pueblos recién nacidos a la vida independiente”.

Después de tan aquilatados testimonios en boca de Carrillo Moreno, no creen ustedes, queridos compatriotas, que es necesario darnos por satisfechos de su premonición. Bolívar es ahora más que nunca pueblo, pueblo alfabetizado, pueblo adherido a la medicina preventiva y a la seguridad social, pueblo que reflexiona y medita, pueblo con vigor, para impulsar los cinco motores que giran alrededor de la vía hacia el socialismo del siglo XXI.

A José Carrillo Moreno sólo una frase le faltó entonces para finiquitar su gran discurso de incorporación: “Hasta la victoria siempre”, pues expresó también lo que me honro en leer, releer y volver a repetir:

“Creemos haber ubicado en el pensamiento y la acción bolivarianos el concepto de pueblo desde el punto de vista histórico, biográfico, germinal, como valor y complejidad, unidad y pluralidad comprensiva de todas las aspiraciones que se movían en el fondo de la protesta reprimida, protesta que orientó su obra revolucionaria, difícil de diseñar por la multiplicidad de sus facetas, pero que trataremos de hacerlo, a grandes rasgos, con el objeto de aproximarnos en lo posible a una idea clara de lo que este hombre hizo en pro de las masas populares venezolanas y americanas, por las cuales triunfó y fracasó, discurrió y legisló, y para las cuales fue a la vez héroe y mártir: héroe cuando saboreaba el licor capitoso de la victoria, que no era únicamente victoria militar, sino también victoria espiritual, victoria de ver satisfecho que su prédica superaba el obstáculo y escalaba la cumbre de la realidad, y mártir, no solamente cuando sus soldados caían en el combate, sino también, y más que todo, cuando lleno de desesperanza, desilusión y desencanto, se daba cuenta de que la incomprensión, el interés sectario y cantonal y la traición al ideal revolucionario enervaban su palabra ductora y la dejaban inerte, petrificada, muerta en el párrafo del mensaje que no quisieron oír u oyeron mal y en el artículo de la ley que no quisieron cumplir o cumplieron a medias; pero para desgracia de sus adversarios, de los que abierta o solapadamente ayer frustraron su ímpetu creador y hoy lo niegan, todo ese caudal de elevados preceptos que no fueron escuchados ni acatados en su tiempo, permanecen vigentes, en el plano rector de los principios y en la alta misión de guiar nuestros pasos hacia la forja de una patria americana donde haya amplia justicia, paz verdadera y libertad sin trabas y donde queden para siempre borradas las huellas de la dependencia, de la explotación y del feudalismo colonial.

“De su prolífica actuación de líder revolucionario, escritor, educador, general de combativos ejércitos, estadista y legislador en el vasto campo de la América hispana, hemos recibido una serie de enseñanzas en el orden judírico-social, político, religioso, moral, educativo, militar e internacional, inspiradas todas en su indeclinable criterio de bien común, de aspiración colectiva, de conquista popular, de redención social, de noble combate por los desposeídos, lo cual da fisonomía clara y contornos precisos a sus conceptos de pueblo como valor central del mundo –la cultura- que trata de sacar del coloniaje para ponerlo a vivir una vida de libertades.

“Toda esta escala ideológica, llena de originales matices y de trascendentales valoraciones, nos va a conducir a la etapa más revolucionaria del pensamiento bolivariano, o sea, a aquella en que, rompiendo las amarras de un tradición trisecular, no vacila en colocar al pueblo como eje fundamental de la vida política y origen natural de todas las instituciones que la conforman. Nada tendrá validez, consistencia, perdurabilidad y sustancia republicana si no se origina en la entraña misma del pueblo. El pueblo es lo que da vida al andamiaje democrático y trascendencia histórica a los hechos que nos circundan.

“En este sentido no hay en su esquema mental ni en su conducta una sola desviación que nos lleve a dudar de sus rectas intenciones y a suponer maniobras en favor de oligarquías o castas contra las cuales siempre estuvo de frente, en lucha sin desmayos. Mas no se detiene la construcción bolivariana en el señalamiento del origen popular del ejército ni en la asignación de recompensas morales y materiales por sus eminentes servicios, sino que va más allá, se remonta al plano esencialmente doctrinario y desde allí comienza a señalar con su innata claridad la alta misión patriótica de los hombres de armas y a delimitar sus fueros en frases llenas de presente y de futuro”

Bien, pues, para agradecer la honrosa distinción que la Asociación de Cronistas de Cojedes me ha dispensado en su nombre, a través de su Presidente, licenciado William García, en el de esta ciudad de El Tinaco y en el de todo el conglomerado cojedeño, nada me ha sido tan venturoso como disertar sobre el pensamiento social y socialista de José Carrillo Moreno, eponimizado en la Cooperativa Cultural bajo la dirección del licenciado Armando González Segovia, Director del Archivo Histórico del Estado y robustecido aún más con el anhelo constante del doctor Alejandro Carrillo en profundizar la actividad y el ejemplo de su padre, cuya tarea ha sido galardonada con la edición de los primeros volúmenes de sus obras, gracias a la participación creadora del doctor Pedro Morejón Carrillo, Ministro del Poder Popular para la Economía Popular.
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Gracias
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Rafael Ramón Castellanos
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José Carrillo Moreno. Obras Completas, Volumen III. Colección Libros y Folletos. Caracas, Miniterio para la Economía Popular. 2007. p. 17-33

Compilación Armando González Segovia. Prólogo Alejandro Carrillo. Estudio Introductorio Rafael Ramón Castellanos.
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LA NEGRA EULALIA

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Me acostumbré a pensar, a creer y a pregonar que La Negra Eulalia era un símbolo y es un símbolo. Después que se quedó sola con sus hijos y Petra, la única hembra, sin apoyo alguno del que hasta el momento de mi evocación era su compañero, se irguió en la lucha por la vida, pundonorosa, incrédula, arriesgada y de armas tomar sin violentarse mucho. Infundía respeto por sí sola, pues tenía una mirada profunda, severa y, a la vez, como que sus grandes ojos de carbón se sonreían con el auxilio de una benévola luz en las comisuras de sus labios ¿Lloraría alguna vez La Negra Eulalia?; ni siquiera cuando la abandonó el padre de sus retoños, don Baldomero Pérez, ese gran señor blanco, de cuidados bigotes y de liquiliqui azul casi siempre, pues también se vestía, a veces, de pantalones color tierra y blusa amarillenta, con aquella risa ingenua de niño grande, que le permitía tener amigos a granel, pero que también le servía para negarle el fiao al paisano que bien conocía como maluco.

Si en vez de La Negra Eulalia hubiese sido mi madre la afectada el día que en una troja de una casa pajiza en El Hato, la macaurel mordió en la pierna a Baldomero, el último de sus hijos, hubiesen abundado las lágrimas; mamá era tan sensible que el llanto se le tornaba en una vía de escape; pero La Negra Eulalia ni se inmutó, ceño fruncido y mirada para que nadie hiciese ruido alrededor de su casa, pues el padrino del afectado estaba curándolo para tratar de salvarle la vida al provocarle una herida para desangrarlo en parte y cuando el curandero, médico chamarrero y chamán salió al patio de la calle, ella sólo le dijo “compadre, se me salva o se me muere” y aquel “hay que esperar” pronunciado como en incógnita puso a llorar a muchos y a muchas, pero La Negra Eulalia le pasó la mano sobre el hombro a Efigenio Castellanos Pérez y le expresó: Sanará, compadre, el muchachito, usted es mucho médico pero yo esperaba que ella dijera si Dios quiere.

La Negra Eulalia le dio buena crianza a todos sus hijos y a Petra, la dama de la familia, y desde niños y niña los enseñó a trabajar, a ser buenos vecinos y que en la escuela cumplieran sus compromisos, pero también estimuló en ellos la serenidad, el valor y el saber correr riesgos para aprender la esencia de la vida. Un día cualquiera le llegaron a su pulpería los celadores de aguardiente y sin mediar mayor comunicación le allanaron el negocio, empero no encontraron nada anormal, pero el Jefe de los fiscales ordenó registrar toda la casa, en cuyo dormitorio, que era sólo uno para la familia entera, encontraron una garrafa de miche, de miche zanjonero, ilegal por supuesto, que ella le había guardado en la madrugada a un valleabajero de los lados de El Quebraón; trataron de humillarla y la amenazaron con peinillas y armas de fuego para que dijera el origen del contrabando y el nombre del contrabandista y ella, tranquila, paciente, serena, oía a los conculcadores sin un gesto de temor, sin una mueca de desconcierto, de pronto agarró el envase contentivo del licor, el cual los guardias habían colocado en la mesa de la sala, al lado del negocio, mientras levantaban “el expediente” y lo dejó caer al piso. ¡ay se me cayó! -dijo- perdonen; en tanto el oficial habló fuerte: planeenla y ella, impasible respondió a la orden dada: -Si me tocan siquiera no respondo por su vida, pero en ese momento entró al sitio el señor Oscar Terán, Jefe del Resguardo de Aguardiente y manifestó: un momento, amigos, el dueño del alijo se entregó en la Jefatura, a lo que La Negra Eulalia respondió: Qué dueño, ni qué dueño, ese miche era mío… era, señor, porque ya no es y por lo tanto ¿dónde está el cuerpo del delito?. Airosa salió del embrollo y al fabricante del referido aguardiente le expresó cuando fue a verlo a la Jefatura: te agradezco José tu afecto, pero por qué vas a decir que ese miche era tuyo, no seas zoquete. Y se fueron para Trujillo los celadores sin detenidos y sin garrafa de miche zanjonero. Me expresaba el Gordo Pérez, su hijo mayor, que cuando subió de la calle abajo a su casa, les dijo a todos que la esperaban llorosos: Las lágrimas guárdenlas para cuando sea necesario que ojalá y sea nunca. ¡Vaya coraje!

Por eso La Negra Eulalia recibió la noticia con inmensa frialdad cuando don Baldomero le hizo saber que por compromiso de matrimonio que le había hecho a la señorita Gumercinda Cortés Pérez -prima hermana de papá y prima segunda mía, por cierto- tenía que dejarla. ¡Qué golpe!, pero ni una lágrima, ni un suspiro, sólo una frase: Usted es soltero y ella también… sus hijos son míos y continuó con su rol de madre, ductora e incansable afanadora.

Ese caso afectó mucho en mi casa; papá ya sabía que eso iba a suceder, que su compadre Baldomero estaba perdidamente enamorado de la dama en mención y andaba molestísimo y un domingo, dos o tres de la tarde, estábamos en la esquina de la casa matando mariposas, que llegaban por cientos, amarillas las más, y llegó el casadero, le avisamos a mamá, ella salió y lo mandó a pasar adelante, que se sentara, fué al cuarto y habló con papá: Efigenio -le dijo- si nó sales a atender al compadre qué ejemplo le das a los muchachitos y eso fué suficiente; don Baldomero tartamudeó unos instantes, pero se aplomó y le “hizo la participación de su matrimonio” a la pareja, invitándola para “dentro de un mes”. En media hora papá no abrió la boca, mamá charló lo que pudo con “el compadre Baldomero” y éste resolvió marcharse; papá se quedó en silencio y mamá dijo: Efigenio no seas tan malcriado ¡qué ejemplo a los muchachitos! Al rato papá soltó unas palabras: “Ese hombre se murió para mí” y lo dijo en serio. Yo fuí consecuente con don Baldomero y lo visité muchas veces en su hogar de Monay y en algunas oportunidades lo cité en mis charlas con papá, pero éste me cambiaba la conversación inmediatamente y si acaso en una oportunidad acertó a decir como de refilón: Palo de mujer fué la comadre Eulalia, mire a los hijos que todos son un modelo y aunque él los quería a todos y muy en especial al Gordo Pérez, sentía devoción por Ramón, porque éste cuando don Baldomero los reconoció no aceptó el apellido paterno y sencillamente se hace mencionar y así figura en los registros respectivos como Ramón Materán.
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Rafael Ramón Castellanos
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Del libro inédito Veinte años apenas en mi pueblo 1931-1951, por Rafael Ramón Castellanos.
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octubre 03, 2009

CARÁTULA DE LIBROS, RAFAEL RAMÓN CASTELLANOS

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Un sueño en el exilio. (Carmen Luisa López de Vicens).
Bogotá, Editorial Kelly. 1971. 56 p.
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José Ramírez. Caracas, 1977. 52 p.
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La corianidad y su contribución nacional. Caracas, 1959. 16 p.
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El mensaje de la tierra. Caracas, 1978. 16 p.
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Ricaurte en San Mateo. Caracas, Ministerio de Información y Turismo. 1978. 12 p.
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Don Mario a veinte años de su nueva vida. Caracas, 1978. 19 p.

Discurso de orden pronunciado por el historiador Rafael Ramón Castellanos el 7 de junio de 1978 en la Asociación de Escritores Venezolanos, con motivo de los veinte años de la partida corporal de don Mario Briceño Iragorry.
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El General Manuel Antonio López. Ilustre Prócer y Escritor Payanés. Bogotá, Editorial Kelly. 1972. 110 p.
Colección de bolsilibros de la Academia de Historia. Número 21
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Luis Eduardo Pacheco. Primer Director del Boletín del Archivo

Historico de Miraflores. Caracas, Imprenta Nacional. 1977. 31 p.
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II Congreso de periodistas de opinión de Venezuela. Maracay, 1988.

Homenaje de reconocimiento a don Alfonso Marín, Cronista de Valencia y Columnista de "El Carabobeño", Maracay del 12 al 15 de octubre de 1988.

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Caracas 1883 (Centenario del Natalicio del Libertador)
Tomo I y II. Caracas, Biblioteca de la Academia Nacional de la
Historia. 1983. 433 p., ilustraciones a blanco y negro
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Caracas en el Centenario del Libertador. Tomo I y II. Caracas,
Ediciones conmemorativas del Bicentenario del Natalico del Libertador
Simón Bolívar. 1983. 433 p., ilustraciones a blanco y negro
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Rufino Blanco Fombona, ensayo biobibliográfico. Caracas,
Ediciones del Congreso de la República. 1975. 514 p.
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Historia del seudónimo en Venezuela. Vol. I y II. Caracas,
Ediciones Centauro. 1981. 389 p. Prólogo de R. J. Lovera De-Sola
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La sublevación militar del 7 de abril de 1928. Caracas, Italgráfica,
S.R.L. 1978. 490 p., ilustraciones a blanco y negro
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Rufino Blanco Fombona y sus coterraneos. Bogotá,
Canal Ramírez-Antares. 1970. 339 p., ilustraciones a blanco y negro.
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Presbitero y General José Félix Blanco, homenaje en el Bicentenario
de su nacimiento. Tomo I y II. Caracas, Ediciones de la Presidencia de la
República. 1982. 379 p., ilustraciones a blanco y negro.
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Cuentos Venezolanos, antología de la narrativa venezolana I.
Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1971. 198 p.
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Para la historia de el Ejido de Monay y la llanura interminable
y fecunda. Caracas, Ediciones La Gran Pulpería de Libros Venezolanos.
1998. 428 p.
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Guzmán Blanco en la intimidad. Caracas, Publicaciones
Seleven. 1980. 530 p.
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Los fantasmas vivientes de Miraflores, ocho meses de un
Gobierno sin tregua, Narcoindulto y Golpe de Estado.
Caracas, Pomaire, 1995. 499 p., ilustración a blanco y negro.
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Caracas y el Libertador. La apoteosis del centenario 1883.
Tomo I y II. Caracas, Imprenta Nacional, 1969. 312 p.
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Historia de la Pulpería en Venezuela. Caracas, Editorial Cabildo
C. A. 1988. 294 p.
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La permanencia de Bolívar. Caracas, Imprenta Nacional,
1970. 294 p.
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.Un hombre con más de seiscientos nombres
(Rafael Bolívar Coronado).
Caracas, Italgráfica, S.A., 349 p., ilustraciones a blanco y negro
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Simón Rodríguez, pensador universal y pulpero de Azángaro.
Caracas, Ediciones del fondo de Garantía de Depósitos y Protección
Bancaria FOGADE. 2005. 616 p.
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Simón Bolívar, el hombre. Caracas, Morales I Torres Editores,
S.L., 2006. 286 p.
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Caudillismo y nacionalismo: de Guzmán Blanco a Gomez
(vida y acción de José Ignacio Lares). Caracas, Italgráfica S.A., 1994.
668 p., ilustraciones a blanco y negro
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Antonio José de Sucre. La dimensión Internacional del gran
Mariscal de Ayacucho. Caracas, Ediciones EG, 1998. 527 p.
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El periodismo en Trujillo. Manuel F. Mendoza, Educador y
periodista. Caracas, Grafica Americana. 1956. 13 p.
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El periodismo valerano, análisis socio-político. Caracas,
Ministerio de Información y Turismo. 1982. 22 p.
Discurso de orden pronunciado el 27 de junio de 1982 en la sesión solemne del Ilustre Concejo Municipal del Distrito Valera, con motivo de conmerorara al Día del Periodista.
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La sobria integridad y el civismo de Vargas. Caracas,
Imprenta Nacional. 1976. 37 p.
Cuadernos del Centro de Historia del Departamento Vargas.
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Bibliografía de Bibliografías. Caracas, Ediciones de Libreria Historia. 30 p.
Con nota preliminar de Rafael Ramón Castellanos.
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Un libro de Mario Briceño Iragorry. Caracas, 1983. 30 p.
Prólogo al libro "Discursos Académicos y Tribuna patria e Historia", de Mario Briceño Iragorry, editado por la Biblioteca de Temas y Autores Trujillanos.
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La pulpería de don Eugenio Montilla. Caracas, Editorial Cabildo S.A., 1988. 15 p.
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. La Guardia Nacional y el recuerdo de Alberto Bustamente.
Caracas, Editorial Arte, 1980. 21 p.
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Rafael Bolívar Coronado, villacurano exacto. Caracas,
Graficos de Meltypos C.A., 1980.
Discurso de orden pronunciado por el licenciado Rafael Ramón Castellanos en sesión solemne del Concejo Municipal del Distrito Zamora el 28 de junio de 1979.
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Bolívar, hombre de recia pluma y de espada libertadora.
Caracas, Cromotip. 1980. 13 p.
Discurso de orden pronunciado el 24 de julio de 1979 en la sesión solemne del Concejo Municipal del Distrito Simón Rodríguez, Estado Anzoátegui, en El Tigre, con motivo de conmemorara el 196º aniversario del natalicio del Padre de la Patria.
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Andrés Eloy Blanco. Vasiguata - Giraluna. Asunción-Paraguay.
Penitenciaría Nacional Asunción. 1961. 25 p.
Homenaje de la Embajada de Venezuela en el sexto aniversario de la muerte del poeta.
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Un hombre y una meta Pascual Venegas Filardo. Caracas, 1982. 15 p.
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Cecilio Acosta en la intimidad. Caracas, 1982. 16 p.
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Palabras de gratitud Inmaculada. Caracas, 1981. 20 p.
Discurso de orden pronunciado en Santa Ana de Trujillo el 26 de septiembre de 1981, por el doctor Rafael Ramón Castellanos, con motivo de la IV Promoción de Bachilleres del Liceo "Dr. Antonio Sánchez Pacheco", que lleva su nombre.
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Rafael Bolívar Coronado y su centenar y medio de seudonimos.
Caracas, Talleres de Ávila Arte, S.A. 1981. 40 p.
II Congreso de Escritores Venezolanos del 21 al 25 de mayo de 1981 .
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Canto Azul, poesia infantil. Pampanito, Tipografía Latina-Trujillo. 1951. 38 p.
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Bolívar discipulo y numen en San Mateo. Caracas, Italgráfica S.R.L. 1981. 19 p.
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El arte de dialogar de Numa Quevedo. Bogota, Editorial Kelly. 1971. 26 p.
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Bibliografía de Mario Briceño Iragorry. Caracas, 1981. 36 p.
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Tres siglos de José de Oviedo y Baños. Bogotá, Editorial Kelly. 1971. 43 p.
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La Revolución de Abril y el Septenio. La Proyección de
Guzmán Blanco. Caracas, Imprenta Nacional. 1976. 31 p.
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octubre 02, 2009

80 VECES CHENA EN SU OCTAVA DECENA

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Chena.............................................Chena victoria
Chechena.......................................Chena memoria

Chena sol.......................................Chena consejo
Chena arrebol................................Chena gracejo

Chena luna....................................Chena acero
Chena fortuna...............................Chena alero

Chena amor..................................Chena santuario
Chena esplendor...........................Chena arbolario

Chena esperanza..........................Chena frondosa
Chena confianza............................Chena preciosa

Chena belleza................................ Chena endija
Chena pureza................................Chena vasija

Chena piadosa...............................Chena sendero
Chena la diosa...............................Chena asidero

Chena la hija..................................Chena paloma
Chena cobija..................................Chena aroma

Chena la madre.............................Chena guitarra
Chena comadre.............................Chena pizarra

Chena abuela.................................Chena escuelita
Chena ciruela.................................Chena bendita

Chena binona.................................Chena rivera
Chena bonchona............................Chena pradera

Chena hormiguita.........................Chena marina
Chena amiguita.............................Chena adivina

Chena madrina.............................Chena bohío
Chena vecina.................................Chena rocío

Chena cristiana.............................Chena estrella
Chena ventana..............................Chena marsella

Chena llanura................................Chena portal
Chena ventura..............................Chena vestal

Chena montaña.............................Chena pachano
Chena cabaña................................Chena cochano

Chena promesa.............................Chena castán
Chena cabeza.................................Chena afán

Chena destino................................Chena clavel
Chena camino................................Chena nivel

Chena tutora..................................Chena muchacha
Chena rectora................................Chena covacha

Chena bendita...............................Chena matrona
Chena solita...................................Chena ochentona

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Caracas, 3 de agosto de 1999
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Rafael Ramón Castellanos
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septiembre 29, 2009

LOS QUE SE QUEDARON

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A los primeros los catalogan de aventureros y ambiciosos; arriesgados e inclementes se empeñaron en sembrar las instituciones consagratorias, pero también los vicios foráneos, la inclemencia, la muerte y la organización social, aunque excluyente. Solo así lograron imponer nuevas modalidades a un ambiente ajeno a las innovaciones. Tras de ellos los misioneros de la fe cristiana, algunos piadosos e ilustrados, otros obsesionados por la imposición de las disciplinas éticas a garrotazo vil con exaltada ceguera monopolista del pensamiento y de las ideas. Un poco más tarde las mujeres y los niños a revolverse con las de aquí y con los nacidos mestizos de las mezcla del blanco y de la indígena, que ya traerían los colonizadores la fuerza africana para la esclavitud infamante que daría paso al zambo y al mulato. Aquellos y los que luego irían llegando se quedaron. Sus osamentas sembradas a la saga de los caminos, aunque algunas reposaron en las iglesias que surgían con los nuevos pueblos, ciudades, fortines y fortalezas.

Pasaron siglos y el acontecer universal siguió trayendo rostros nuevos, ideas dinámicas, posturas revolucionarias en las artes, las doctrinas y el pensamiento social Ejemplo: la Sociedad Económica de Amigos del País que para 1829 era un nidal de integración: extranjeros y nativos, todos ya venezolanizados, se empeñan en hacer un diagnóstico de nuestras fallas, problemas y adosamientos y luego recomendar los abrevaderos. La mayoría de los participantes en los años posteriores han sido conducidos hasta aquí a raíz de diferentes sucesos: la caída de la Republica Española y la dramática guerra civil; la segregación en gobiernos totalitarios, la Segunda Guerra Mundial, las tiranías brutales en España y en nuestro continente. Vinieron y sembraron la simiente para no retornar, y aquí están, con los mismos vínculos, pues desde los comienzos, allá en el siglo XVI, la interrelación se fue acrecentando hasta llegar al siglo XXI cuando han recibido carta de ciudadanía venezolana miles de hombres y mujeres de todas las latitudes geográficas que esperaron hasta por más de treinta años.

Antes hubo buen acercamiento entre la cosmogonías indígenas, llenas de lo mágico maravilloso, hasta las concepciones cristianas que no le dieron cabida a los ritos africanos ni a la idolatría del moján y del yerbatero, pero que se empeñaron en lo metafísico y en lo moral; desde las orientaciones que fueron exaltadas por los blancos para despotricar de la magia y de la superstición de los que llegaron esclavos y esclavos se quedaron; sin embargo el gran todo se fue constituyendo con migajas de una y otras cepas medulares y originó un nacionalismo creador y una novedosa participación social: el ideal bolivariano, pues que desde la chamanería y la brujería, desde las profundas meditaciones teológicas y desde la filosofía que cada maestro pregona, hemos llegado a través de muchas épocas y de hombres y mujeres de aquí y de allá, a recoger en crisol de pueblo las bondades de la independencia, el pensamiento de lo autóctono purificado y exaltado hasta llegar a una verdadera justicia popular que nos cobija. En tema tan dilatado pudiéramos hablar de personajes muchos y sin embargo se escapan centenares aún con hechos revelantes; sin embargo tratemos de hacer algunos menciones encomiables.

CULTURA DE IMPRENTA Y LIBROS

En cuanto a la imprenta en Venezuela, la prensa y los libros, así como la venta y distribución de estos, hablemos de los pioneros, de los cuales no hay casi datos biográficos. Fracasada la expedición mirandina de 1806 los irlandeses Mateo Gallanger y Jaime Lamb adquieren en Trinidad la imprenta que el Generalísimo traía y pronto en 1808 circula la Gaceta de Caracas que tendría participación en la nacionalidad hasta 1822. Lamb permaneció en Venezuela pero se ha extraviado su filiación. Entrambos, lo mismo sirvieron a la causa real que a la patriota en estos años de dura crisis política y social.

Pronto apareció el francés Juan Baillio, impresor independentista que sirvió desde 1811 y militó en el ejército de Bolívar siendo unos de los oficiales en la Expedición de Los Cayos. Se dice que murió en el país. Otro francés, Luis Delpech, también tiene figuración en la misma tarea pues aunque era pulpero y tenía tienda o canastilla por 1811, fue socio de aquel. Cierra este ciclo Juan Gutierrez Díaz, español, con sus empeños de librero e impresor entre 1818 y 1821; otro vendedor de libros e impresores Juan Pey quien tuvo un taller tipográfico y es fundador de una de las primeras librerías de Caracas en 1820; Francisco Isnardi, natural de Turín (Italia), periodista, político, comerciante, pensador y filosofo. En 1810 con Andrés Bello planificó la primera revista caraqueña, El Lucero, pero la idea murió muy joven. Los realistas lo apresaron en 1812 y lo remitieron a España, habiendo logrado la libertad ocho años después, mas de su regreso poco se sabe, aunque luego actuó y murió en Venezuela.

La apreciación sobre estos adalides es interesante para la comprensión de los años de afianzamiento de la personalidad nacional y provechoso y útil para el análisis de la producción impresa sobre el pensamiento republicano. Bien lo dice el bibliógrafo Pedro Grases que este aporte.

Bien dice el bibliógrafo Pedro Grases que “muy bien puede considerase como símbolo elocuente del periodo constructivo de Venezuela.” Otro es Antonio Damirón Perayón (Macon, Francia 1794- Caracas 1-4- 1876) quien llegó a nuestra tierra en 1827 y apuntaló lo que sería la litografía al hacer la primera impresión a colores en1830 de la baraja española, con sus cuarentas cartas y en cantidad suficiente para las necesidades del momento.

Damirón fue el editor de la Gaceta de Venezuela de 1832 a 1836 e imprimió en 1839 a colores algunas planchas de los paisajes que elaboró el Barón Gros. George Francisco Devisme, del cual se dice que procedía de Francia, fue tipógrafo y le correspondió editar la Colección de documentos para la vida pública del Libertador (1827-1833) cuyos autores son Cristóbal Mendoza, Francisco Javier Yanes, Diego Bautista Urbaneja y Antonio Leocadio Guzmán; además para la Sociedad Económica de amigos del País imprimió la Memoria de 1831.

Desde 1844 y casi por una década existiría el Gabinete de Lectura,de José Solves (París,1801- Caracas 1856) una institución que repartía premios a los más aplicados en la interpretación de los textos y a los mejores en las tertulias; mientras que Pedro Nuñez de Cáceres, (Santo Domingo 2-4-1800-Caracas 24-2-1860) pasaría a la posteridad por sus libros autobiográficos y entre ellos sus Memorias que Caupolican Ovalles y Ramón J Velásquez publicaron en 1993 y en las cuales se hace una radiografía inclemente de la conmocionada sociedad política de entonces. Le seguiría un español radical, iconoclasta, editor, librero, antologista y político, Evaristo Fombona, (Luanco España, 1817- Caracas, 1885) quien para vivir y conformar su destino intelectual entre nosotros dejó clara herencia a prestigiosos intelectuales; como Alberto Zéreaga Fombona, Jacinto Fombona Pachano y Rufino Blanco Fombona; Félix Rasco posiblemente español, lítografo que mucho tuvo que ver con nuestras primeros sellos postales y con los denominados de “Escuelas”, ideados por Guzmán Blanco para favorecer su programa de educación popular gratuita y obligatoria en 1870, a la par que el alemán Alfred Rothe quien editó muchas obras que las comercializaba en su librería, identificada con el escudo prusiano en la puerta y quien quiso emular con sus ediciones de piezas teatrales, dramas en general, zarzuelas operetas a José María de Rojas, (Santiago de los Caballeros, Rep. Dominicana 24-3-1793- Caracas 8- 10-1855) cuya muerte privó al pueblo trujillano de Betijoque de su primer médico rural y fundador de la Biblioteca Pública, el doctor Arístides Rojas, uno de sus hijos. Llegó en 1822 y ya en 1826 desarrollaba actividades comerciales; dirigió entre 1836 y 1843 y El Liberal en 1855 El Economista. Fundador en 1838 de la empresa Almacen de J. M. de Rojas, con una librería anexa que se transformó con el tiempo en editorial, habiendo sido el gran proveedor en todo el pais de obras didacticas, de narrativa y de ciencias durante cincuenta años.

Después serían noticia el español Fausto Teodoro de Aldrey (La Coruña, 1792- Caracas, 2 -4-1886) fundador de El Porvenir (1864) y del gran diario La Opinión Nacional que se inicia el 14 de noviembre de 1868) y concluye el del 6 de octubre de1892 cuando algunos exaltados entre las fuerzas de La Revolución Legalista, saquean y destruyen todo aquel gran emporio. También dos colombianos participan en la misma edificación intelectual: Ricardo Becerra, (Bogotá 24-10-1836-Puerto España, 4-4-1905), director que fuera de El Federalista, entre 1865 y 1869; venezolano por naturalización en 1868. Escribió las biografías de Francisco de Miranda, Juan Uslar, José Tadeo Monagas y Carlos Soublette pero por sobre todo fúe un furioso polenista. Otro neogranadino de enorme participación es Ananías Cote (Bogota, 1840- Barquisimeto 1917), doctor en Ciencias Políticas y Sociales, maestro de primeras letras, Director de la Escuela Normal de Institutores de Barquisimeto, de 1882 a 1885, autor del Libro de lectura según el sistema de Pestalozzi, para la enseñanza combinada de la lectura, la escritura y el dibujo, editado en la misma ciudad, Tipografía Insausti, 1890.

También fueron representantes del meollo de la cultura a través del libro, la imprenta y la prensa, Manuel N. Dagnino, (Roma, 3-1-1834- Maracaibo 3-4-1901) quien además de medico fué educador, periodista, biógrafo y benefactor de instituciones sociales; el dinamarqués Christian Federico Witzke (Hjortoln 24-4-1856 Caracas-11-1-1921), Director del Museo Nacional en 1906; fundador de la Gaceta de los Museos en 1909; proyectista y primer Director del Museo Bolivariano (1911) cuya edificación sufragó de su propio pecunio. Fué también escritor, periodista, banquero y empresario especialista en líneas ferreas.

Entre otros también el francés José Luis Faure Sabaut (París, 1889- Maracaibo, 1939?) educador, autor de Lecciones de Sistema Métrico Decimal y otros textos que estuvieron vigentes hasta mediados de los años cincuenta.

No podemos dejar a un lado a Eduardo Crema, (Montagna, Padua, 20-12-1892- Caracas- 18- 12- 1974), eminente profesor, escritor, y crítico literario.

Llegó en 1927 y ejerció la docencia en el Instituto Pedagógico Nacional de 1939 a 1965; autor de varios trabajos de vital importancia la historia de las ideas en Venezuela; Agustin Millares Carlo (Las Palmas- Canarias,10-8-1893-Las Palmas,8-2-1980). Vino a Venezuela en 1959 después de veinte años de labor docente en México; fundador del Centro de Investigaciones Humanísticas de la Universidad del Zulia, y dueño de densa bibliografía sobre tema de bibliografía, archivologías y ensayo; Angel Rosenblat (Wengrow-Polonia, 6-12-1902- Caracas, 11-9-1984) filólogo; profesor universitario desde su llegada a Caracas en 1946, fundador de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Venezuela; autor de importantes monografías y, en especial de los volúmenes Buenas y malas palabras.

Cerraremos esta apreciación con dos maestros de profunda; el profesor Pedro Grases (Villafranca de Panandes,-1909-Caracas,- 2004), llegado en 1937 y de inmediato incrustado en el destino literario nacional para compactar con ilustres venezolanos por nacimiento, el poder pedagógico de las obras de Andrés Bello, además de transformase en un guía, tutor, camino y rumbo de varias generaciones. Su aporte bibliográfico es tan denso que sus Obras Completas tienen más de veinte volúmenes. Igual tratamiento merece el también hombre de la docencia Manuel Pérez Vila (Gerona, España, 3-9-1922-Caracas, 8-5-1991), historiador, académico bajo cuya egida como director de la Fundación Boulton se editaron los números del Boletín Histórico, asi como fue el impulsor y director príncipe edición del Diccionario de Historia de Venezuela, de la Fundación Polar (1986).

DE LA GUERRA A LA PAZ Y A LAS LUCES

El procerato en la larga contienda por la independencia comprometió a cientos de extranjeros que se dieron por entero al ideal americanista, más apenas vamos a pasearnos por escuetas citas de Francisco Javier Yánes (Puerto Príncipe –hoy Camguey- Cuba, 12-5-1777 – Caracas,17-6-1842), militar, abogado, historiador y periodista. Se vinculó en 1811 al movimiento libertario y asumió posiciones en El Publicista. Coautor de la Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador (1827-1833) y autor del Manual político del venezolano (1840) y del Compendio de historia de Venezuela (1840-1842). Otro es el general de brigada Daniel Florencio O’Leary (Cork, Irlanda, 1801-Bogotá.24-2-1854), héroe de muchas batallas, compañero de Bolívar y gran archivero de la libertad, pues recogió miles de documentos y dio origen a las Memorias de O’Leary, crisol imprescindible para conocernos, editadas en 34 tomos. Uno más: el coronel Agustín Codazzi (Lugo, Italia, 12-7-1793- Espíritu Santo, Colombia, 7-2-1859) a quien debemos el primer Atlas Geográfico del país, la mejor Geografía de Venezuela de todos los tiempos, que luego a más de cien años compulsada y actualizada por otro paladín, el profesor Pablo Vila (Sabadell, España,26-6-1881- Barcelona España, 15-8-1980), y emparejada después por su hijo Marcos Aurelio Vila (Barcelona, España 1908- Caracas,2001) y más recientemente por el también geógrafo Pedro Cunil Grau (Santiago de Chile, 1935-venezolano en hermanda creativa).

El general Carlos Luis Castelli (San Sebastiano pó, Turín, Italia, 18-12-1790- Caracas, 8-2-1860), prócer también. Ministro de Guerra y Marina en 1848, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Venezuela en la Nueva Granada en 1855. Nuevamente Ministro del mismo Despacho en 1858 es sustituido por el también prócer de la guerra magna, el general de brigada Carlos N. Minchín (Dublín, Irlanda,9-2-1797- Caracas,3-6-1879).

Otros, entre muchos con tarea fundamental en el período de consolidación de la republica son el coronel Vicente Campo Elías (Villa de Soto, España,1772-San Mateo, Aragua, 17-3-1814); capitán de navío Renato Beluche (Nueva Orleáns, Estados Unidos, 28-12-1783-Puerto Cabello, Carabobo, 4-10-1860). Segundo del almirante Luis Brión en la Expedición de los Cayos consolidó mando y poder navales años después; comandante Raimundo Rendon Sarmiento, (Santo Domingo, Rep. Dominicana, 31-3-1788- Caracas, 10-8-1863), ante es el calígrafo del Acta de la Independencia y luego en campaña con el Libertador en varias oportunidades; coronel Guillermo Smith (Edimburgo, Inglaterra, 1794- Caracas, 11-4-1857), Tesorero de Ejército y Hacienda en 1827, Ministro de Guerra y Marina en 1837 y de Hacienda y Relaciones Exteriores en 1839; capitán de navío Juan Daniel Daniels (Baltimore, USA, 1786) actuó desde 1818 y continuó en la Armada durante muchos años; coronel Manuel Antonio López (Popayán, Nueva Granada, 2-7-1803- Bogota, 11-8-1891) residió, contrajo matrimonio e hizo obra histórica en Tocuyo de la Costa y San Felipe 1834 a 1841, autor de Las Tardes de un Panteón y de una obra fundamental Campaña del Perú por el ejercito libertador de Colombia, publicado en Caracas en 1843; coronel Manuel Echeandía (Guaranda, Ecuador, 20-4-1783-Caracas, 1-4-1850) Reglamentador de aduanas, Ministro de Hacienda y de Relaciones Exteriores en el gobierno del general Carlos Soublette (1837); capitán de navío Francisco Hernáiz (Puerto Rico, 4-10-1797 Caracas, 23-2-1886), sirvió el Ministerio de Guerra y Marina varias veces; general Antonio Valero Bernabé (Fajardo, puerto Rico, 26-10-1790- Río Negro?, Colombia, 7-6-1863), de los sitiadores de El Callao (1825), Ministro de Guerra y Marina de Páez en 1830, pero renuncio inmediatamente y se fue al exilio porque el Congreso de Valencia decreto medidas de excepción contra el Libertador; coronel Manuel Ruiz (Valladolid, España, 1763- Caracas, 30-8-1834), llegó a nuestras costas en 1799 y participó en la lucha por la soberanía y la independencia. Cerramos el episodio con el general Victor Barret de Nazaríos (Isla de Guadalupe, posesión francesa, 1799- Santa Cruz de Aragua, 3-1-1891) congresista, escritor, periodista, secretario de la Presidencia del general Joaquín Crespo (1884-1886) y luego Ministro de Interior y Justicia en el bienio guzmancista (1887-1888).

LOS CIENTIFICOS Y LOS FILOSOFOS.

Fray Alonso de Briceño (Santiago de Chile, 1587- Trujillo, 15-11-1668) fue décimo obispo de Venezuela, lo cual ya es interesante, pero el teólogo, el escritor y el filosofo traspasaron las fronteras continentales y fue calificado como el segundo Scoto o sea un Máximo Maestro, autor de las Diputaciones Metafísicas, texto aun hoy en las escuelas de lógica y pensamiento filosofal. Anotó y corrigió la monumental obra Política Indiana de Juan de Solórzano y Pereira, el libro más completo al respecto y dejó en Trujillo una buena biblioteca, no tan importante como la que en Caracas tuvo y legó a la cultura nacional el también Obispo de Venezuela Fray Antonio González de Acuña (Lima, 8-6-1620- Trujillo, 22-2-1682), también filósofo, teólogo, y educador.

No podemos dejar a un lado a otro prelado, el Obispo Mariano Martí (Bráfil, España, 14-12-1721- Caracas, 10-2-1792). amante de las letras nos legó la Memoria de su larga visita pastoral alrededor de toda la Diócesis celebrada entre 1771 y 1784, además de haber dejado su residencia como un monumento a la posteridad, pero que con el tiempo transformada en la tenebrosa Cárcel del Obispo, por allá por El Guarataro Arriba. Vendrían después Adolfo Ernst (Silecia, Alemania, 6-10-1832- Caracas 12-8-1899), doctor en filosofía, científico, organizador de la Gran Exposición Nacional del Centenario del Libertador (1883); Director de la Biblioteca de la Universidad Central y uno de los fundadores de la Escuela Positivista. Su Obras Completas en diez volúmenes son un monumento a la cultura. Otros serian el eminente Juan David García Bacca (Pamplona, España, 26-5-1901-Quito, 6-8-1992). Profesor de filosofía en la UCV y en el instituto Pedagógico, fundador del Instituto de Filosofía y traductor de las obras completas de Platón en una de las versiones más admiradas en el universo; el padre Ignacio Burg (Nuremberg, Alemania, 24-1-1905- Caracas, 2-7-1984), sacerdote, filosofo, psicólogo, y analista y difusor del pensamiento de Santo Tomás de Aquino y Copérnico; Manuel García Pelayo (Corrales del Vino, España, 13-5-1909- Caracas, 25-2-1991), doctor en ciencias jurídicas, especialista en política y derecho internacional, filosofo, docente universitario, fundador del Instituto de Estudios Políticos y Administrativos de la UCV y Juan Nuño (Madrid, 27-3-1927- Caracas, 3-5-1995) ensayista, profesor universitario, doctor en filosofía de nuestra Alma Mater y de La Sorbona, Director del Instituto de Filosofía y notable conferencista.

MEDICINA, COLONIZACION, INDIGENISMO

Alexander N. Benitz (Endingen, Alemania, 19-11-1813- Colonia Tovar, Aragua, 15-11-1865. Organizador del grupo fundador de este pueblo constituido en 1843 por 358 agricultores y artesanos, grabador para el Atlas de Codazzi; Cesareo de Armellada o fray Jesús Maria García Gómez (Armellada, España, 1-2-1908- Caracas, 10-10-1996) llego a Venezuela en 1933 consagrándose al estudio de nuestra familia indígena; Jaime Suriá (San Salvador de Gunyoles, España, 1882- Caracas, 23-5-1975), sacerdote que vino en 1915 y se especializó en la organización y funcionamiento del Archivo Arquidiocesano de Caracas; Johann G. Siegert (Grosswalditz, Alemania, 22-11-1796- Ciudad Bolivar, 13-9-1870), médico, cirujano del ejército patriota en 1819, descubrió y patentizó el Amargo de Angostura; Henry F. Pittier (Bex, Suiza, 13-8-1857- Caracas, 17-1-1950), conservacionista, botánico, creador y organizador del Parque Nacional que lleva su nombre; autor del Manual de plantas usuales; Williams Henry Phelps (Nueva York, 14-6-1875-Caracas, 1-12-1965), fundador de la primera emisora de radio del país, coleccionista y estudioso de nuestra aves y mariposas; Juan Antonio Perdomo (Guarachico, Canarias, 15-9-1737- Puerto de la Cruz, Canarias, 12-1-1800), médico y libre pensador reconocido, quien aplicó aquí la vacuna antivariólica; perseguido por el Tribunal de la Santa Inquisición, residente en La Victoria donde ejercio su apostolado; Joaquín Esteva Parra (Santiago de Cuba, 3-4-1830- 28-4-1905), cirujano, que utilizo el cloroformo como anestesico, Rector del Colegio Federal del Zulia de 1869 a 1870 y, por ahora, porque el listado es grande, la mención de los científicos, médicos y naturalistas Eugenio P. de Bellard Maldonado, León N. Croizat, Lorenzo Campins y Ballester, fundador de la enseñanza médica en Venezuela, Pierre G. Bourgoin, Luis Daniel Beauphertuy y paremos, porque, son muchísimos los que quedan pendientes del recuerdo.
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Rafael Ramón Castellanos
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